17 de abril de 2014

Dos Venus del espejo y algo así



LA VENUS DEL ESPEJO

La vida vierte imágenes, las fortuitas
borradas al instante cuando la purificadora mente
detecta su repercusión como superflua:
pero estas quizá dejen algún rastro provechoso tras de sí.

Así en este espejo pintado se proyecta
el escudo que a salvo presentó la cabeza de Gorgona.
Una farsa. – Pero incluso reflejado
el joven rostro parece golpearnos, si no hasta la muerte,

al menos hasta un instantáneo invierno
al que vida y razón no podrán enfrentarse,
congelando al observador y a la pintura
en una singular inmovilidad mítica.

Pero bajo el clima inmutable del pigmento
el artista solo quiso concebir
una postura que pudiera mostrarle, por completo,
rostro, hombros, cadera, deliciosos muslos suaves.

De manera que con la imagen imperfecta como inicio
llegamos finalmente a analizar y poner nombre
a la luminosa oscuridad en las profundidades del arte:
la ausencia de tiempo que nos sostiene es la misma

que esta de la sexual mirada trascendente
y el arte cobra brillo a la luz que derrama,
directa o no, sobre los habitantes
de nuestra imaginación y nuestras camas.

(Robert Conquest)
(Traducción de A. Catalán)
(Original, aquí)


LA VENUS DEL ESPEJO

Pensemos en la muerte enamorada
La muerte que es la espalda de la vida
O su pecho quizás, ida o venida,
Que hasta abrazarla no sabremos nada.

Creemos que la vida es nuestra amada,
Que la besamos en la frente ardida
Y que detrás hay una nuca hundida
Que acaricia la mano trastornada.

Y vivimos tal vez frente a un desnudo,
Una espalda hermosísima o escudo:
La Venus del espejo de la muerte.

Más allá, al fondo, sus dos ojos brillan
De malicia o de amor, nos acribillan.
Oh Venus, ven, que quiero poseerte.
 
(Gerardo Diego)
 
 
EL DESEO DE HACER EL AMOR EN UNA PAGODA

Decir «así, tranquila, solo
voy a sentarme aquí, a mirar tu desnudo.
Esta mañana no hay
que trabajar». Pero nunca lo he dicho.
No he tenido ocasión. Ellas son siempre inquietas
o quizá el nerviosismo de la puerta, los ruidos...

Mirar una desnuda espalda detenida,
deshechos el amor y deshecha la cama,
lenta, opaca la sombra
de la cadera triste ausente de mis manos,
mirando solamente, sin llegar a tocarnos
como si objetos fuésemos de una naturaleza
muerta muy mal pintada —la lámpara, los codos,
la curva muy absorta contra lo ojos quietos—,
mirando solamente mientras afuera el mundo
lo ejecuta un pintor con ínfulas y obreros.

No he tenido ocasión. Es posible que alguien
sí la haya tenido. Lo más cerca que he estado
es esta tarde inglesa, en la National Gallery,
solamente desnudos los pies, sentado en una silla
frente a la suave Venus y el espejo.

El deseo de hacerle, tras un rato,
salvajemente el amor en esa alcoba.

(Andrés Catalán, Ahora solo bebo té, 2014)




No hay comentarios: